ENRIQUE CADICAMO: VIDA Y OBRA
  Letras
 
A PAN Y AGUA (1945)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián

En mi triste evocación surge
el tiempo que se fue.
¡Cuántos años han pasado
y parece que fuera ayer!
Dónde está la que amé...
Dónde está la que olvidé...
El recuerdo me entristece
y anochece en mi corazón.

Viejo Palermo de entonces
hoy regresas a mi mente.
Cuántos amigos ausentes
como yo recordarán...
esas noches de verbena,
esas noches de alegría,
y este tango que se oía
entre copas de champán...

Tango que viene de lejos
a acariciar mis oídos
como un recuerdo querido
con melancólicos dejos.
Tango querido de ayer,
qué ventarrón te alejó.
Junto con ella te has ido
y hoy la trae tu evocación.

Recitado:

A pan y agua...
Cuántos viejos amigos
escucharán tus notas
soñando con volver
a una noche de aquellas...
¡1920!...


A QUIEN LE PUEDE IMPORTAR? (1939)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Mariano Mores

Gime, bandoneón,
grave y rezongón
en la nocturna verbena.
En mi corazón
tu gangoso son
hace más honda mi pena.
Con tu viruta sentimental
vas enredando mi viejo mal,
un viejo mal que me ha dejado
enamorado,
arrinconado,
y olvidado para siempre.
Sin una sola caricia
que mi tristeza mitigue
su risa mala me persigue
y me persigue,
mientras sigue
tu responso, ¡bandoneón!

A quién le puede importar
¡che bandoneón! que he sido bueno.
A quién le puede importar
el novelón del mal ajeno.
Si a ella que fue mi querer
no le importó mi abatimiento.
A quién le puede importar
¡che bandoneón! mi sufrimiento.

Suena menos gris
tango, para mí.
Sé que jamás la encontraré.
Te saldré a bailar
para disfrazar
el drama que llevo adentro.
En otros brazos me engañaré,
en otras bocas me aturdiré
aunque sus ojos y su risa
me persigan
y me sigan
y me digan que la quiero.
Iré a borrar el fantasma
de aquel amor siempre atento,
así termina este lamento
y el tormento de este cruento
sufrimiento...
¡Bandoneón!


ADIOS CHANTECLER (1958)

Letra y Música: Enrique Cadícamo

Te redujo a escombros la fría piqueta
y, al pasar de noche mirando tus ruinas,
este milonguero se siente poeta
y a un tango muy triste le pone sordina.
Entre aquellas rojas cortinas de pana,
de tus palcos altos que ahora no están,
se asomaba siempre madama Ritana
cubierta de alhajas, bebiendo champán.

Entre risas alegres y chistes,
siempre estaba apenada René,
y de verla tan linda y tan triste
fue por eso que me enamoré.
Hoy ni ella está más en la sala,
ni tampoco entro yo al cabaret,
se vinieron abajo tus galas
bullanguero y cordial Chantecler.

En la noches bravas que el tango era un rito,
vibraba la sala con ritmo nervioso,
porque en ese entonces estaba Juancito
tallando en su orquesta su estilo famoso.
Ya no queda nada y aquello no existe,
ni tus bailarines ni tu varieté.
Te veo muy triste pasar silencioso,
Príncipe Cubano, frente al Chantecler.


AL MUNDO LE FALTA UN TORNILLO (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: José María Aguilar

Todo el mundo está en la estufa,
triste, amargao y sin garufa,
neurasténico y cortao...
Se acabaron los robustos,
si hasta yo, que daba gusto,
¡cuatro kilos he bajao!
Hoy no hay guita ni de asalto
y el puchero está tan alto
que hay que usar el trampolín.
Si habrá crisis, bronca y hambre,
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín.

Hoy se vive de prepo
y se duerme apurao.
Y la chiva hasta a Cristo
se la han afeitao...
Hoy se lleva a empeñar
al amigo más fiel,
nadie invita a morfar...
todo el mundo en el riel.
Al mundo le falta un tornillo
que venga un mecánico...
¿Pa' qué, che viejo?
Pa' ver si lo puede arreglar.

¿Qué sucede?... ¡mama mía!
Se cayó la estantería
o San Pedro abrió el portón.
La creación anda a las piñas
y de pura arrebatiña
apoliya sin colchón.
El ladrón es hoy decente
a la fuerza se ha hecho gente,
ya no encuentra a quién robar.
Y el honrao se ha vuelto chorro
porque en su fiebre de ahorro
él se “afana” por guardar.
Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico.
pa' ver si lo puede arreglar.

ALMITA HERIDA (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián

Yo te amé un otoño ya lejano
con el fuego azul de mi pasión,
y hoy traigo tu recuerdo de la mano
-crepúsculo lontano-
fantasma de mi corazón.

Ibas caminando hacia el misterio.
Yo salí a su encuentro y te alcancé...
Triste, cruzabas por la vida
y al ver tu almita herida
te acompañé...

Fue un loco amor
el que sentí por ti...
Entre mis brazos te vi
que agonizabas con mis besos.
Cuánto duró
tu amistad y tu amor... no lo sé...
Si fue toda una vida o quizá
un minuto supremo tal vez...
Tan sólo sé
que tuviste el valor de encontrar
el instante oportuno de huir
con mis sueños detrás...



ANCLAO EN PARIS (1931)


Letra: Enrique Cadícamo
Música: Guillermo D. Barbieri


Tirao por la vida de errante bohemio
estoy, Buenos Aires, anclao en París.
Cubierto de males, bandeado de apremio,
te evoco desde este lejano país.
Contemplo la nieve que cae blandamente
desde mi ventana, que da al bulevar
las luces rojizas, con tono muriente,
parecen pupilas de extraño mirar.

Lejano Buenos Aires ¡qué lindo que has de estar!
Ya van para diez años que me viste zarpar...
Aquí, en este Montmartre, fobourg sentimental,
yo siento que el recuerdo me clava su puñal.

¡Cómo habrá cambiado tu calle Corrientes..!
¡Suipacha, Esmeralda, tu mismo arrabal..!
Alguien me ha contado que estás floreciente
y un juego de calles se da en diagonal...
¡No sabes las ganas que tengo de verte!
Aquí estoy varado, sin plata y sin fe...
¡Quién sabe una noche me encane la muerte
y, chau Buenos Aires, no te vuelva a ver!

APOLOGÍA TANGUERA (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Rosita Quiroga

Tango rante que tenés
el alma de un cachetazo,
que vas llevando un hachazo
en la frente y lo escondés.
De la cabeza a los pies,
vestido de luto entero,
sos un símbolo canero
que va taconeando fuerte,
sos la risa y sos la muerte,
vestida de milonguero.

Por vos se fue Milonguita
de Chiclana pa’ Corrientes,
y por vos, amargamente,
lloró su pobre viejita.
Por tu culpa Carmencita
quedó chapaleando barro,
por vos el Zurdo Navarro
se hizo un viaje hasta la tierra
y por vos mi viola encierra
un contrapunto bizarro.

Tango lindo que se estira
en un bandola insinuante
y que sale agonizante
mientras se baila y se aspira...
Tango... sos como una tira
de prepotencia y del mal;
sos lágrima y delantal,
sos farolito de esquina,
y sos tristeza de mina
que se clava en un puñal.


CALLEJERA (1929)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Fausto Frontera

Cuando apurada pasás
rumbo quién sabe a qué parte,
haciendo lucir con arte
tu silueta al caminar,
va diciendo ese taquear
que tenés de milonguera:
"Callejera... Callejera...
¿a dónde irás a parar?"

Esos trajes que empilchás
no concuerdan con tu cuna,
pobre mina pelandruna
hecha de seda y percal.
En fina copa e' cristal
hoy tomás ricos licores,
y entre tantos resplandores
se encandiló tu arrabal.

Callejera,
que taqueás de Sur a Norte,
dando dique con el corte
de ese empilche que llevás.
Callejera,
vos también sos Milonguita
y en el fondo de tu almita
una pena sepultás.

Triunfa tu gracia, yo sé,
y en los fondines nocheros
sos de los muebles diqueros
el que da más relumbrón.
Despilfarrás tentación,
pero también, callejera,
cuando estés vieja y fulera
tendrás muerto el corazón.

Seguí nomás, deslizá
tus abriles por la vida,
fascinada y engrupida
por las luces del Pigall,
que cuando empiece a tallar
el invierno de tu vida
notarás arrepentida
que has vivido un carnaval.



CHE, PAPUSA... OI! (1927)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Gerardo M. Rodríguez


Muñeca, muñequita que hablás con zeta
y que con gracia posta batís mishé;
que con tus aspavientos de pandereta
sos la milonguerita de más chiqué;
trajeada de bacana, bailás con corte
y por raro snobismo tomás prissé,
y que en auto camba, de sur a norte,
paseás como una dama de gran cachet.

Che papusa, oí
los acordes melodiosos que modula el bandoneón;
Che papusa, oí
los latidos angustiosos de tu pobre corazón;
Che papusa, oí
cómo surgen de este tango los pasajes de tu ayer...
Si entre el lujo del ambiente
hoy te arrastra la corriente,
mañana te quiero ver...

Milonguerita linda, papusa y breva,
con ojos picarescos de pippermint,
de parla afranchutada, pinta maleva
y boca pecadora color carmín,
engrupen tus alhajas en la milonga
con regio faroleo brillanteril
y al bailar esos tangos de meta y ponga
volvés otario al vivo y al reo gil.


COMPADRON (1927)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Luis Visca


Compadrito a la violeta,
si te viera Juan Malevo
qué calor te haría pasar.
No tenés siquiera un cacho
de ese barro chapaleado
por los mozos del lugar.
El escudo de los guapos
no te cuenta entre sus gules
por razones de valer.
Tus ribetes de compadre
te engrupieron, no lo dudes.
¡Ya sabrás por qué!

Compadrón
prontuariado de vivillo
entre los amigotes que te siguen,
sos pa' mí, aunque te duela,
compadre sin escuela, retazo de bacán.
Compadrón,
cuando quedes viejo y solo (¡Colo!)
y remanyes tu retrato (¡Gato!),
notarás que nada has hecho...
Tu berretín deshecho
verás desmoronar.

En la timba de la vida
sos un punto sin arrastre
sobre el naipe salidor,
y en la cancha de este mundo
sos un débil pa'l biabazo,
el chamuyo y el amor.
Aunque busques en tu verba
pintorescos contraflores
pa' munirte de cachet,
yo me digo a la sordina
¡Dios te ayude, compadrito
de papel maché!


CRUZ DE PALO (1929)

Letra: Enrique Cadícamo.
Música: Guillermo Desiderio Barbieri

Juntito al arroyo, besao por los sauces
y poblao de flores, de esmalte y de luz,
sin letras, crespones ni nombres tallados
se alzan junto a un sauce dos palos en cruz.
Una sepultura que "entuavía" el cardo
no pudo cercarla, y en donde el "chus-chus"
de alguna lechuza se escucha, agorera,
sobre la cimera de esa vieja cruz.

El sauce le llora un Ave María;
el boyero, en cada chiflido que da,
acaso le quiere rezar un bendito
junto con las quejas que entona el sabia...
Dicen los más viejos, haciéndose cruces,
que al pasar de noche por ese lugar
oyen que se quejan los ñacurutuces
de un modo tan fiero que hasta hace temblar...

(recitado)
Y en las noches malas, cuando enrieda el viento
su vago lamento en el saucedal,
por la cruz de palo una luz camina,
que corre y que vuela por el pastizal.

Pa' un "Día de Dijuntos" de hace varios años
se llegó una moza juntito a la cruz;
la cabeza envuelta en negro rebozo,
los ojos llorosos, tristes y sin luz.
¡Qué frío, canejo, sentirán los muertos...!
Pues la moza aquella se le arrodilló,
lloró cuanto quiso, besuqueó la tumba,
le dijo "hasta pronto", pero no volvió.

CUANDO MIRAN TUS OJOS (1931)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: José María Aguilar


Tus ojos han quedado grabados en los míos,
sus dulces brujerías volcaron al mirar,
hay luz en tus pupilas de todos los estíos,
lucero que en mis noches los veo parpadear.
Heraldos de pasiones, rutilan como extrañas
luciérnagas que llevan la llama del amor...
Tesoros custodiados por sedosas pestañas...
teorías impregnadas de ensueño arrobador.

¿Gitanos son acaso por sus destellos, dime?
¿O son los de una mora presa del español?
Es algo tu mirada que mata o que redime,
que hiere si se mira corno encandila el sol...
Puñales que en las luchas se yerguen iracundos
buscando al pobre pecho con ansias de clavar.
Ensartan corazones, los dejan moribundos...
¡Ah!... Espejos donde el alma se asoma a coquetear.

Si entornan sus pupilas, la luz que los anima
se pierde entre los astros y la constelación
adquiere nuevos brillos... Aunque mi pecho gima
por verlos siempre abiertos, yo doy mi corazón.
Pues ellos van contando las horas venturosas
que pasan a mi lado rimando una canción,
sus párpados abiertos son pétalos de rosas
que ofrecen dos luceros a mi desolación.

CUANDO TALLAN LOS RECUERDOS (1943)

Letra: Enique Cadícamo
Música: Rafael Rossi


Llueve... Llueve en el suburbio
y aquí, solo en esta pieza,
va subiendo a mi cabeza
una extraña evocacion.
Es la pena de estar solo
o es la tarde cruel y fría
que a mi gris melancolía
la convierte en emoción...
Aquí está mi orgullo de antes,
bandoneón de mi pasado
viejo amigo que he dejado
para siempre en un rincón.
En la tarde evocadora
tu teclado amarillento
está mudo y ya no siento
tu lenguaje rezongón.

Mi viejo amigo de entonces
yo voy corriendo tu suerte.
Las horas que hemos vivido
hoy las cubre el olvido
y las ronda la muerte...
Mi bandoneón del recuerdo
hoy como tú ya no existe,
pues para siempre dejé en tu registro
enterrado el corazón...

Hoy la tarde está lluviosa,
bandoneón, por los recuerdos,
y es por eso que me acuerdo
de mis tiempos de esplendor.
Cuando alcé tu caja un día
en un lírico arremango
y ahí nomás me diste un tango,
un gran tango ganador...
Y otra vez cuando "ella" estaba
neurasténica y celosa
con tu música gangosa
la hiciste sollozar...
Bandoneón de mis recuerdos.
Viejo amigo envuelto en pena,
esta tarde tengo ganas,
muchas ganas de llorar.


DE TODO TE OLVIDAS (1929)


Letra: Enrique Cadícamo
Música: Salvador Merico



De un tiempo a esta parte, muchacha, te noto
más pálida y triste... Decí ¿qué tenés?
Tu carita tiene el blancor del loto
y yo, francamente, chiquita, no sé...
¿Qué pena te embarga? ¿Por qué ya no ríes
con ese derroche de plata y cristal?
Tu boquita, donde sangraron rubíes,
hoy muestra una mueca, trasuntando un mal...

El piano está mudo.
Tus ágiles manos
no arrancan el tema
del tango tristón...
A veces te encuentro
un poco amargada,
llorando, encerrada,
en la habitación.
Y he visto, extrañando,
que muy a menudo,
"de todo te olvidas",
cabeza de novia,
¡nimbada de amor!

¿Qué es lo que te pasa? Cuéntame; te ruego
que me confidencias tu preocupación...
¿Acaso tu pena es la que Carriego,
rimando cuartetas, a todos contó?:
"De todo te olvidas, cabeza de novia",
pensando en el chico que en tu corazón
dejó con sus besos sus credos amantes,
como un ofertorio de dulce pasión...


EL CANTOR DE BUENOS AIRES (1936)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián


Voy mirando atrás y al comprobar
que el tiempo nuevo se llevó
la "franja", el "taco militar"...
Yo voy notando aquí en la zurda
que el corazón me hace una burla.
Nada duele tanto como ver
desenrollar del carretel
el hilo.de la juventud.
Adiós glicinas, emparrados y malvones...
Todo, todo ya se fue...

Dónde estarán los puntos del boliche aquel,
en el que yo cantaba mi primer canción.
Y aquellos patios donde pronto conquisté
aplausos tauras, los primeros que escuché.
Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy,
el Pardo Augusto, Flores y el Morocho Aldao.
Así empezó mi vuelo de zorzal...
Los guapos del Abasto
rimaron mi canción.

Soy aquel cantor del arrabal,
jilguero criollo que pulsó
la humilde musa de percal.
Me acuerdo de hace veinte abriles,
de aquellos bailes a candiles...
Cuando en una oreja iba colgao
como un hachazo en el costao
la mancha roja de un clavel.
Muchachos, todo lo ha llevado el almanaque.
Todo, todo ya se fue.

EL CUARTEADOR (1941)

Letra y Música: Enrique Cadícamo
(C/ su seudónimo Rosendo Luna)

Yo soy Prudencio Navarro,
el cuarteador de Barracas.
Tengo un pingo que en el barro
cualquier carro
tira y saca.
Overo de anca partida,
que en un trabajo de cuarta
de la zanja siempre aparta
¡Chiche!
la rueda que se ha quedao.

Yo que tanta cuarta di,
yo que a todos los prendí
a la cincha de mi percherón,
hoy ,que el carro de mi amor se me encajó,
no hay uno que pa' mi
tenga un tirón.

En la calle del querer
el amor de una mujer
en un bache hundió mi corazón...
¡Hoy, ni mi overo me saca
de este profundo zanjón!

Yo soy Prudencio Navarro,
el cuarteador de Barracas.
Cuando ve mi overo un carro
compadreando
se le atraca.

No hay carga que me lo achique,
porque mi chuzo es valiente;
yo lo llamo suavemente
¡Chiche!
Y el pingo pega el tirón.

EL QUE ATRASO EL RELOJ (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Guillermo D. Barbieri


¡Che, Pepino,
levantate 'e la catrera,
que se ha roto la tijera
de cortar el bacalao.
¿Qué te has creído?
¿Qué dormís pa' que yo cinche?
¡Andá a buscar otro guinche
si tenés sueño pesao!
¡Guarda, que te cacha el porvenir!
¡Ojo, que hoy anda el vento a la rastra
y el que tiene guita, lastra,
y el que no, se hace faquir!

¿Querés que me deschave
y diga quién sos vos?
¡Vos sos, che, vagoneta,
el que atrasó el reloj!

¿Con qué herramienta te ganás la vida?
¿Con qué ventaja te ponés mi ropa?
¡Se me acabó el reparto e' salvavidas!
Cachá esta onda: ¡se acabó la sopa!
¡A ver si cobrás un poco impulso,
pa' que esta vida de ojo no se alargue!
¡Ya estoy en llanta de llevarte a pulso,
buscate un changador pa' que te cargue!

Si hasta creo
que naciste de un carozo...
¡Sos más frío que un bufoso!
¡Ya no te puedo aguantar!
En la sangre me pusiste una bombilla,
y hoy me serruchás la silla
cuando me quiero sentar.
¡De esta ya no te salva ni el gong!
¡Guarda, que se me pianta la fiera!
Levantate 'e la catrera,
que voy a quemar el colchón.


GARUA (1943)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Aníbal Troilo

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
¡Parece un pozo de sombras la noche
y yo en la sombra camino muy lento.!
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón...

En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.

¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra...
Garúa... tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!

¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy, como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calados y helados
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.

LA CASITA DE MIS VIEJOS (1931)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián

Barrio tranquilo de mi ayer,
como un triste atardecer,
a tu esquina vuelvo viejo...
Vuelvo más viejo,
la vida me ha cambiado...
en mi cabeza un poco de plata
me ha dejado.
Yo fui viajero del dolor
y en mi andar de soñador
comprendí mi mal de vida,
y cada beso lo borré con una copa,
en un juego de ilusión
repartí mi corazón.

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos...
locuras juveniles, la falta de consejo.
Hay en la casa un hondo y cruel silencio huraño,
y al golpear, como un extraño,
me recibe el viejo criado...
Habré cambiado totalmente, que el anciano por la voz
tan sólo me reconoció.

Pobre viejita la encontré
enfermita; yo le hablé
y me miró con unos ojos...
Con esos ojos
nublados por el llanto
como diciéndome porqué tardaste tanto...
Ya nunca más he de partir
y a tu lado he de sentir
el calor de un gran cariño...
Sólo una madre nos perdona en esta vida,
es la única verdad,
es mentira lo demás.


LA LUZ DE UN FOSFORO (1943)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Alberto Suárez Villanueva


Nos encontramos, tú y yo,
y a conversar
nos detuvimos.
Un algo raro tenías
cuando callabas,
cuando reías...
La esgrima sentimental
al fin surgió
la tarde aquella.
Después... ¡qué poco quedó!
El viento todo lo llevó...

La luz de un fósforo fue
nuestro amor pasajero.
Duró tan poco... lo sé...
como el fulgor
que da un lucero...
La luz de un fósforo fue,
nada más,
nuestro idilio.
Otra ilusión que se va
del corazón
y que no vuelve más.

En todo, siempre el color
es del cristal
con que se mira.
De rosa, yo te veía,
cuando callabas,
cuando reías.
Después, con otro cristal,
cambió el color
y ya no eras...
La vida es toda ilusión
y un prisma es el corazón.

LA NOVIA AUSENTE (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Guillermo D. Barbieri

A veces repaso mis horas aquellas
cuando era estudiante y tú eras la amada
que con tus sonrisas repartías estrellas
a todos los mozos de aquella barriada.
¡Ah! las noches tibias... ¡Ah! la fantasía
de nuestra veintena de abriles felices,
cuando solamente tu risa se oía
y yo no tenía mis cabellos grises.

Íbamos del brazo
y tú suspirabas
porque muy cerquita
te decía: "Mi bien...
¿ves como la luna
se enreda en los pinos
y su luz de plata
te besa en la sien?"
Al raro conjuro
de noche y reseda
temblaban las hojas
del parque, también,
y tú me pedías
que te recitara
esta "Sonatina"
que soñó Rubén:
(Recitado:)
"¡La princesa está triste! ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa.
Que ha perdido la risa, que ha perdido el color...
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor."

¿Qué duendes lograron lo que ya no existe?
¿Qué mano huesuda fue hilando mis males?
¿Y qué pena altiva hoy me ha hecho tan triste,
triste como el eco de las catedrales?
¡Ah!... ya sé, ya sé... Fue la novia ausente,
aquella que cuando estudiante, me amaba.
Que al morir, un beso le dejé en la frente
porque estaba fría, porque me dejaba.


LOS MAREADOS (1942)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián


Rara..
como encendida
te hallé bebiendo
linda y fatal...
Bebías
y en el fragor del champán,
loca, reías por no llorar...
Pena
Me dio encontrarte
pues al mirarte
yo vi brillar
tus ojos
con un eléctrico ardor,
tus bellos ojos que tanto adoré...

Esta noche, amiga mía,
el alcohol nos ha embriagado...
¡Qué importa que se rían
y nos llamen los mareados!
Cada cual tiene sus penas
y nosotros las tenemos...
Esta noche beberemos
porque ya no volveremos
a vernos más...

Hoy vas a entrar en mi pasado,
en el pasado de mi vida...
Tres cosas lleva mi alma herida:
amor... pesar... dolor...
Hoy vas a entrar en mi pasado
y hoy nuevas sendas tomaremos...
¡Qué grande ha sido nuestro amor!...
Y, sin embargo, ¡ay!,
mirá lo que quedó...

LUNA DE ARRABAL (1934)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Julio C. Sanders

Muchachos, hoy que es noche clara y estival
invito a todos la barriada a recorrer,
hay mucha luz y es que: la luna de arrabal
nos acompaña par las calles como ayer,
es media noche, ella duerme y su balcón
entornado me espera que llegue...
junto al gemir del diapasón
yo quiero alzar sentimental
la serenata de mi amigo el corazón...

Y entonces al oír la introducción
del valsecito criollo y pasional
dormida su belleza angelical
nombrándome, despertará...
Su pecho de emoción ha de latir
sus ojos de otro azul se vestirán
y se pondrá la noche
sus galas embrujados
y tú, mi dulce amada,
temblarás...

Muchachos, vamos que la luna quiere oír
la serenata pintoresca de arrabal...
la noche es tibia, duerme el barrio y es zafir
el cielo lleno de estrellitas de cristal...
¡Muchachos pronto! que es tan bello saludar
a la novia que duerme inocente...
Las dedos en el diapasón
con un "allegro" arrancarán
y entonces mi alma subirá a su balcón...


MADAME IVONNE (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Eduardo Pereyra


Mamuasel Ivonne era una pebeta
que en el barrio posta de viejo Montmartre,
con su pinta brava de alegre griseta
animó la fiesta de Les Quatre Arts.
Era la papusa del barrio latino
que supo a los puntos del verso inspirar...
Pero fue que un día llego un argentino
y a la francesita la hizo suspirar.

Madame Ivonne,
la Cruz del Sur fue como el signo,
Madame Ivonne,
fue como el signo de tu suerte...
Alondra gris,
tu dolor me conmueve,
tu pena es de nieve...
Madame Ivonne...

Han pasado diez años que zarpó de Francia,
Mamuasel Ivonne hoy solo es Madam...
La que va a ver que todo quedó en la distancia
con ojos muy tristes bebe su champán.
Ya no es la papusa del Barrio Latino,
ya no es la mistonga florcita de lis,
ya nada le queda... Ni aquel argentino
que entre tango y mate la alzó de París

MUÑECA BRAVA (1928)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Luis Visca


Che madam que parlás en francés
y tirás ventolín a dos manos,
que escabiás copetín bien frapé
y tenés gigoló bién bacán...
Sos un biscuit
de pestañas muy arqueadas...
Muñeca brava
bien cotizada.
¡Sos del Trianón...
del Trianón de Villa Crespo...
Milonguerita,
juguete de ocasión...

Tenés un camba que te hacen gustos
y veinte abriles que son diqueros,
y muy repleto tu monedero
pa´ patinarlo de Norte a Sud...
Te baten todos Muñeca Brava
porque a los giles mareás sin grupo,
pa´ mi sos siempre la que no supo
guardar un cacho de amor y juventud.

Campaneá la ilusión que se va
y embrocá tu silueta de rango,
y si el llanto te viene a buscar
escurrí tu dolor y reí...
Meta champán que la vida se te escapa,
Muñeca Brava, flor de pecado...
Cuando llegués
al final de tu carrera,
tus primaveras
verás languidecer

NIEBLA DEL RIACHUELO (1937)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián

Turbio fondeadero donde van a recalar,
barcos que en el muelle para siempre han de quedar...
Sombras que se alargan en la noche del dolor;
náufragos del mundo que han perdido el corazón...
Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar,
barcos carboneros que jamás han de zarpar...
Torvo cementerio de las naves que al morir,
sueñan sin embargo que hacia el mar han de partir...

¡Niebla del Riachuelo!..
Amarrado al recuerdo
yo sigo esperando...
¡Niebla del Riachuelo!...
De ese amor, para siempre,
me vas alejando...
Nunca más volvió,
nunca más la vi,
nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí...
esa misma voz que dijo: "¡Adiós!".

Sueña, marinero, con tu viejo bergantín,
bebe tus nostalgias en el sordo cafetín...
Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción;
llueve lentamente sobre tu desolación...
Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar,
bordas de lanchones sin amarras que soltar...
Triste caravana sin destino ni ilusión,
como un barco preso en la "botella del figón"...


 NOSTALGIAS (1936)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián


Quiero emborrachar mi corazón
para apagar un loco amor
que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso,
a borrar antiguos besos
en los besos de otras bocas...
Si su amor fue "flor de un día"
¿porqué causa es siempre mía
esa cruel preocupación?
Quiero por los dos mi copa alzar
para olvidar mi obstinación
y más la vuelvo a recordar.

Nostalgias
de escuchar su risa loca
y sentir junto a mi boca
como un fuego su respiración.
Angustia
de sentirme abandonado
y pensar que otro a su lado
pronto... pronto le hablará de amor...
¡Hermano!
Yo no quiero rebajarme,
ni pedirle, ni llorarle,
ni decirle que no puedo más vivir...
Desde mi triste soledad veré caer
las rosas muertas de mi juventud.

Gime, bandoneón, tu tango gris,
quizá a ti te hiera igual
algún amor sentimental...
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche,
noche negra y sin estrellas...
Si las copas traen consuelo
aquí estoy con mi desvelo
para ahogarlos de una vez...
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
"por los fracasos del amor"...

NUNCA TUVO NOVIO (1930)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Agustín Bardi

Pobre solterona te has quedado
sin ilusión, sin fe...
Tu corazón de angustias se ha enfermado,
puesta de sol es hoy tu vida trunca.
Sigues como entonces, releyendo
el novelón sentimental,
en el que una niña aguarda en vano
consumida por un mal de amor.

En la soledad
de tu pieza de soltera está el dolor.
Triste realidad
es el fin de tu jornada sin amor...
Lloras y al llorar
van las lágrimas temblando tu emoción;
en las hojas de tu viejo novelón
te ves sin fuerza palpitar.
Deja de llorar
por el príncipe soñado que no fue
junto a ti a volcar
el rimero melodioso de su voz.
Tras el ventanal,
mientras pega la llovizna en el cristal
con tus ojos más nublados de dolor
soñás un paisaje de amor.

Nunca tuvo novio, ¡pobrecita!
¿Por qué el amor no fue
a su jardin humilde de muchacha
a reanimar las flores de sus años?.
¡Yo, con mi montón de desengaños
igual que vos, vivo sin luz,
sin una caricia venturosa
que haga olvidar mi cruz!

PA QUE BAILEN LOS MUCHACHOS (1942)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Aníbal Troilo

Pa' que bailen los muchachos
via' tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!
Bailen todos, compañeros,
porque el baile es un abrazo:
Bailen todos, compañeros,
que este tango lleva el paso.
Entre el lento ir y venir
del tango va
la frase dulce.
Y ella baila en otros brazos,
prendida, rendida,
por otro amor.

No te quejes, bandoneón,
Que me duele el corazón.
Quien por celos va sufriendo
su cariño va diciendo.

No te quejes, bandoneón,
que esta noche toco yo.
Pa' que bailen los muchachos
hoy te toco, bandoneón.
¡La vida es una milonga!

Ella fue como una madre,
ella fue mi gran cariño...
nos abrimos y no sabe
que hoy la lloro como un niño...
Quién la va a saber querer
con tanto amor,
como la quise.
Pobre amiga, pobre piba,
¡qué ganas más locas
de irte a buscar!

Pa' que bailen los muchachos
via' tocarte, bandoneón.
¡La vida es una milonga!


POMPAS DE JABON (1924)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Roberto E. Goyeneche


Pebeta de mi barrio, papa, papusa,
que andás paseando en auto con un bacán,
que te has cortado el pelo como se usa,
y que te lo has teñido color champán.
Que en lo peringundines de frac y fuelle
bailás luciendo cortes de cotillón
y que a las milongueras, por darles dique,
al irte con tu "camba", batís "allón".

Hoy tus pocas primaveras
te hacen soñar en la vida
y en la ronda pervertida
del nocturno jarandón,
pensá en aristocracias
y derrochás tus abriles...
¡Pobre mina, que entre giles,
te sentís Mimí Pinsón...!

Pensá, pobre pebeta, papa, papusa,
que tu belleza un día se esfumará,
y que como todas las flores que se marchitan
tus locas ilusiones se morirán.
El "mishé" que te mima con sus morlacos
el día menos pensado se aburrirá
y entonces como tantas flores de fango,
irás por esas calles a mendigar...

Triunfás porque sos apenas
embrión de carne cansada
y porque tu carcajada
es dulce modulación.
Cuando implacables, los años,
te inyecten sus amarguras...
ya verás que tus locuras
fueron pompas de jabón.

POR LA VUELTA (1938)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: José Tinelli


¡Afuera es noche y llueve tanto!...
Ven a mi lado, me dijiste,
hoy tu palabra es como un manto...
un manto grato de amistad...
Tu copa es ésta, y la llenaste.
Bebamos juntos, viejo amigo,
dijiste mientras levantabas
tu fina copa de champán...

La historia vuelve a repetirse,
mi muñequita dulce y rubia,
el mismo amor... la misma lluvia...
el mismo, el mismo loco afán...
¿Te acuerdas? Hace justo un año
nos separamos sin un llanto...
Ninguna escena, ningún daño...
Simplemente fue un "Adiós"
inteligente de los dos...

Tu copa es ésta, y nuevamente
los dos brindamos "por la vuelta".
Tu boca roja y oferente
bebió en el fino bacarát...
Después, quizá mordiendo un llanto,
quedate siempre, me dijiste...
Afuera es noche y llueve tanto,
... y comenzaste a llorar...

RONDANDO TU ESQUINA (1945)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Charlo


Esta noche tengo ganas de buscarla,
de borrar lo que ha pasado y perdonarla.
Ya no me importa el qué dirán
ni de las cosas que hablarán...
¡Total la gente siempre habla!
Yo no pienso más que en ella a toda hora.
Es terrible esta pasión devoradora.
Y ella siempre sin saber,
sin siquiera sospechar
mis deseos de volver...

¿Qué me has dado, vida mía,
que ando triste noche y día?
Rondando siempre tu esquina,
mirando siempre tu casa,
y esta pasión que lastima,
y este dolor que no pasa.
¿Hasta cuando iré sufriendo
el tormento de tu amor?

Este pobre corazón que no la olvida
me la nombra con los labios de su herida
y ahondando más su sinsabor
la mariposa del dolor
cruza en la noche de mi vida.
Compañeros, hoy es noche de verbena.
Sin embargo, yo no puedo con mi pena
y al saber que ya no está,
solo, triste y sin amor
me pregunto sin cesar.

RUBI (1944)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián

Ven... No te vayas...
Qué apuro de ir saliendo.
Aquí el ambiente es tibio
y afuera está lloviendo.
Ya te he devuelto
tus cartas, tus retratos.
Charlemos otro rato
que pronto ya te irás.
Ya nada tuyo me queda al separarnos.
Es eruel la despedida
y triste el distanciarnos...
Hoy... Ven...
No lloremos,
que las lágrimas conmueven
y nada debe
detener tu decisión.

Rubí... acuérdate de mí.
No imploro tu perdón,
mas de tu corazón no me arrojes
Rubí... ¿Adónde irás sin mí?
¡Cuando no estés conmigo,
quién podrá quererte así!
Rubí... En este instante gris,
un último dolor
me causará tu adiós.
Después, la noche,
con su frío y con su iluvia
pondrá su broche sobre mi corazón.

Vas a dejarme... Sin duda, sufriremos.
Con nuestros sinsabores
por senda aparte, iremos...
No has de olvidarme por más que no te vea.
Yo viviré en tu idea
y tú en mi corazón...
Ven, que la lluvia, afuera, no ha cesado...
La noche es cruel y fría
¡No salgas de mi lado!... ¡Amor!
Borremos todo, amada mía, que esta escena
ha sido sólo un episodio sin valor.

SANTA MILONGUITA (1933)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Enrique Delfino

Santa milonguita...
tenía los ojos,
tan grandes y claros,
que hacían suspirar...
Sus labios pecaban,
de breves y rojos,
y era su mirada,
color verde mar. 
Ella que fue siempre,
festín y alegría,
que en juego de copas,
se hartó de champán...
Tuvo un bello arranque,
de sensiblería,
y quiso ser buena,
buena como el pan...

Redimida...
por la pasión de un nuevo dueño,
mirando el cielo de su vida,
encontró más encendida,
la estrellita de sueños...
Pero un día...
cuando el amor más los ataba,
golpeó a sus puertas rudamente,
la miseria y... crudamente,
del amor la separó.

Santa Milonguita,
bandeada de pena,
por ley del arroyo,
volvió al cabaret...
No tuvo la suerte,
de la Magdalena,
que con cuatro llantos
volvió a ser mujer.
Todas las amigas,
la historia escuchaban,
de aquella muchacha,
que quiso soñar...
Y al final del cuento,
vieron que lloraban,
sus ojos aquellos,
color verde mar
.



SHUSHETA (EL ARISTOCRATA) (1944)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Juan Carlos Cobián


Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón...

Dicen que fue, allá por su juventud,
un gran Don Juan del Buenos Aires de ayer.
Engalanó la puerta del Jockey Club
y en el ojal siempre llevaba un clavel.

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.

Apellido distinguido,
gran señor en las reuniones,
por las damas suspiraba
y conquistaba
sus corazones.
Y en las tardes de Palermo
en su coche se paseaba
y en procura de un encuentro
iba el porteño
conquistador.

Ah, tiempos del Petit Salón...
Cuánta locura juvenil...
Ah, tiempo de la
sección Champán Tango
del "Armenonville".

Todo pasó como un fugaz
instante lleno de emoción...
Hoy sólo quedan
recuerdos de tu corazón...

Toda la calle Florida lo vio
con sus polainas, galera y bastón.


TANGO DE LENGUE (1993)

Letra y Música: Enrique Cadícamo

Cuando bailás, sensual, un tango guapo,
entre el reaje vuela tu pollera
y al ondear en el aire, en vez de un trapo,
parece que flameara una bandera.

La bandera del "queco" y del sustrato
rantifuso del hampa y de las rejas...
Tango de lengue, obsceno garabato
que dibujan con sus pubis las parejas...

Tango de lengue por vos
se pierde una daga hasta el mango.
Tango de lengue los dos
estamos manchados de fango...
Sigue grave el bandoneón
el canyengue de tus pasos...

Mientras suene en un fueye de chamuyo gangoso
un tango de esos tangos que fueron y serán,
siempre habrá algún convicto en algún calabozo
o en bulines sombríos, shoficas tenebrosos
que al escuchar tus notas aprendan a llorar...
porque esas son las aulas sagradas del gotán...

Tango de lengue... pasión de arrabal
de malevos a prueba de hachazos...


TRES AMIGOS (1944)

Letra y Música: Enrique Cadícamo


De mis páginas vividas, siempre llevo un gran recuerdo
mi emoción no las olvida, pasa el tiempo y más me acuerdo.
Tres amigos siempre fuimos
en aquella juventud...
Era el trío más mentado
que pudo haber caminado
por esas calles del sur.

¿Dónde andarás, Pancho Alsina?
¿Dónde andarás, Balmaceda?
Yo los espero en la esquina
de Suárez y Necochea...
Hoy... ninguno acude a mi cita.
Ya... mi vida toma el desvío.
Hoy... la guardia vieja me grita:
"¿Quién... ha dispersado aquel trío?"
Pero yo igual los recuerdo
mis dos amigos de ayer...

Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte.
Nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte.
Y otra vez, allá en Barracas,
esa deuda les pagué...
Siempre juntos nos veían...
Esa amistad nos tenía
atados siempre a los tres.

TRES ESQUINAS (1941)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Angel D A gostino / Alfredo Attadía

Yo soy del barrio de Tres Esquinas,
viejo baluarte de un arrabal
donde florecen como glicinas
las lindas pibas de delantal.
Donde en la noche tibia y serena
su antiguo aroma vuelca el malvón
y bajo el cielo de luna llena
duermen las chatas del corralón.

Soy de ese barrio de humilde rango,
yo soy el tango sentimental.
Soy de ese barrio que toma mate
bajo la sombra que da el parrral.
En sus ochavas compadrié de mozo,
tiré la daga por un loco amor,
quemé en los ojos de una maleva
la ardiente ceba de mi pasión.

Nada hay más lindo ni más cmpadre
que mi suburbio murmurador,
con los chimentos de las comadres
y los piropos del Picaflor.
Vieja barriada que fue estandarte
de mis arrojos de juventud...
Yo soy del barrio que vive aparte
en este siglo de Neo-Lux.


VIEJA RECOVA (1930)

Letra: Enrique Cadícamo
Música: Rodolfo Sciammarella

La otra noche mientras iba caminando como un curda,
tranco a tranco, solo y triste, recorriendo el veredón,
sentí el filo de una pena que en el lado de la "zurda"
se empeñaba traicionera por tajear mi corazón.
Entre harapos lamentables una pobre limosnera
sollozando su desgracia a mi lado se acercó,
y al tirarle unas monedas a la vieja pordiosera
vi que el rostro avergonzado con las manos se tapó.

Yo la he visto cuando mozo ir tejiendo fantasías
con sus sueños de alto vuelo y sus noches de champán.
¡Pobrecita! quien pensara los finales de sus días
y en la trágica limosna vergonzante que hoy le dan.
Me alejé, Vieja Recova, de su lado, ¡te imaginas,
de la amiga de otros tiempos, qué dolor llegué a sentir!
Lo que ayer fuera grandeza hoy mostraba sólo ruinas,
y unas lágrimas porfiadas no las pude desmentir.

Vieja Recova,
rinconada de su vidas
la encontré sola y perdida
como una muestra fatal.
La mala suerte
le jugó una carta brava,
se le dio vuelta la taba,
la vejez la derrotó.
¡Vieja Recova, si vieras cuánto dolor!

 
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